Si tu abuelo, tu papá o un tío tenía línea telefónica antes de 1990, lo más probable es que también haya recibido Acciones de Telmex sin pedirlas. Esto no fue un regalo: fue una decisión de financiamiento que cambió la historia económica del país.
Los años 50 y 60: un país que quería teléfono
Teléfonos de México nació en 1947 y desde el inicio enfrentó un problema: México crecía a una velocidad enorme, todos querían línea telefónica y el dinero para construir la infraestructura no alcanzaba. Pedir préstamos al exterior era caro y el gobierno no quería estatizar la empresa.
La solución fue ingeniosa: cada nuevo cliente que contratara línea pagaba una cuota de "aportación" que en realidad era la compra de un paquete pequeño de Acciones de Teléfonos de México. Así, los usuarios financiaban la red que ellos mismos iban a usar.
¿Cuántas familias se volvieron accionistas?
Millones. Para fines de los 80, casi cualquier hogar con teléfono tenía un sobre amarillo guardado en algún cajón con sus acciones. Pocos entendían qué significaba: para la mayoría era "un papel del teléfono".
El cambio de 1990
Cuando Telmex se privatizó en 1990 y pasó a manos del grupo de Carlos Slim, las acciones que la gente tenía en casa quedaron como un activo real. Subieron de precio en los años siguientes mientras la empresa creció. Pero también se volvieron complicadas de cobrar: ya no se podía ir a la oficina de Telmex y reclamar, había que pasar por casa de bolsa.
Esa complicación es justamente la razón por la que existimos. Compramos esos títulos antiguos directo, sin que tú tengas que abrir cuenta ni esperar meses.